Buscando a Nemo: El cambio climático puede dificultar el reconocimiento entre los peces.

Como la mayoría de vosotros ya sabéis, Buscando a Nemo es una película de animación producida por la compañía Pixar Animation Studios.  Su argumento es bastante sencillo: Nemo es un pequeño pez payaso (Amphiprion ocellaris), el único hijo que le quedó a  Marlin después de que una barracuda atacara la anémona donde vivía en el arrecife y acabara con su pareja y con el resto de sus hijos. A partir de este suceso, Marlín cuida a su hijo de una forma exageradamente sobreprotectora, lo que provoca que Nemo se rebele y emprenda una gran aventura. El padre comienza una larga búsqueda siguiendo las pistas que le llevarán a recuperar a su hijo, siendo entonces  cuando en la película se le une un pez de poca memoria llamado Dory, una pez cirujano azul y negro (Paracanthurus hepatus) muy divertida, pero que sufre de amnesia anterógrada o falta de memoria de corto plazo. Dory acompaña a Marlin en la búsqueda de su hijo, proporcionando algunos de los momentos más cómicos de la película.

A esta altura de la entrada alguno ya os estaréis preguntando qué tiene que ver la película de Pixar con el cambio climático.  Pues bien, científicos de Centro ARC de Excelencia para Estudios de Arrecifes de Coral de la Universidad James Cook, en Australia, han estudiado el efecto del dióxido de carbono en el comportamiento de compañerismo de la damisela tropical ‘Chromis viridis‘. Los investigadores del proyecto han encontrado que los peces jóvenes normalmente requieren tres semanas para reconocer a sus compañeros, pero que los elevados niveles de dióxido de carbono estarían perjudicando de manera significativa esta capacidad.

Los modelos de cambio climático predicen que los niveles de dióxido de carbono y la acidez del océano se  duplicarán antes de fin de siglo. Para investigar si esto afectaría al reconocimiento social de los peces, se pusieron a grupos de peces en niveles elevados de dióxido de carbono, similares a los proyectados para 2100 por los modelos producidos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

A continuación, se hizo a los peces individuales una “prueba de opción” en la que se les colocaron entre dos grupos, uno de peces familiares y otro compuesto de individuos extraños. Mientras que los peces mantenidos en condiciones normales eligieron consistentemente el familiar, los peces criados en condiciones de elevada concentración de CO2  no mostraron preferencia por el desconocido o familiar.

Se cree que el dióxido de carbono interfiere en el funcionamiento de los neurorreceptores en los cerebros de los peces. Los niveles más altos de dióxido de carbono cambian la concentración de iones (átomos y moléculas cargadas eléctricamente) en la sangre de los peces, alterando la forma en que los neurorreceptores trabajan, lo que perjudica los sentidos básicos, como la vista y el olfato, que son vitales para el reconocimiento en los peces.

Estos resultados podrían tener graves consecuencias para los peces tropicales, cuyo hábitat ya está amenazado por el cambio climático. “La familiaridad es una característica importante para la defensa, sobre todo en un entorno rico en depredadores, como un arrecife de coral”, dice Nadler, quien considera que estos efectos podrían ser críticos para las especies que dependen de la vida en grupo para evitar a los depredadores.

Acabamos la entrada con una recopilación de los mejores” momentos Dory” y esperando que el cambio climático no nos deje a todos con cara de pez bobo!