Frescor a calaminta
 
Desconozco cómo pudo llegar el primer ejemplar de calaminta al patio. Hace una década era un desierto de hormigón sin vida, abrasador por el día y frío por la noche, y las poblaciones naturales de esta planta aromática están muy lejos de aquí. Puede que de una semilla en el sustrato de alguna planta comprada en el vivero, o como un náufrago desde cualquier islote de vida de los muchos que encierran los patios del casco histórico de Córdoba. No lo sé, un día apareció para quedarse, cuando las plantas que empezamos a cultivar transformaron aquel inhóspito lugar en un oasis interior de frescura. Hoy la calaminta se extiende a su antojo por todas partes, y junto con el olor a curry, es el aroma que por la piel te aborda nada más entrar por el zaguán. Con un abrazo fresco siento que he llegado a casa.
 

Figura 1. Culantrillo de pozo.

Hace muchos años, cuando la vida que hoy conocemos se estaba fraguando, hubo unos microorganismos que se dieron cuenta que era mejor criar en su interior a otros bichitos más pequeños y verdes, de los que solían alimentarse, que comérselos. De esta manera se beneficiaban ambos, el grande, aportando protección, y los pequeñitos, alimento, ya que estos últimos habían logrado descubrir ni más ni menos que la fotosíntesis. Es lo que se llama en biología “endosimbiosis”, y desde aquel preciso instante se forjó una de las colaboraciones que han determinado la vida en nuestro planeta: aparecieron las primeras plantas. No es que vaya a reescribir un tratado de botánica antes de llegar a lo que hoy nos concierne, es porque esta teoría me recuerda mucho a cuando las primeras civilizaciones del neolítico que vivían en climas secos y cálidos, incluyeron en la arquitectura de sus viviendas, dentro del patio interior junto al pozo o fuente que les abastecía de agua, vegetales con la capacidad de transformar el agua en frescura. En lugar de comerse a estas plantas, las usaban para dar calidad climática al ambiente de sus hogares. Este tipo de vivienda fue extendida por griegos y romanos en todo el mediterráneo, mientras que los árabes la perfeccionaron siglos después incluyendo nuevos elementos arquitectónicos y la creación de una modalidad de jardinería. Han pasado muchos años desde entonces, y hasta el siglo pasado hemos seguido copiando y mejorando esta arquitectura y jardinería tradicional asociada: los patios de Córdoba son el mejor ejemplo. Sin embargo, las razones que forjaron esta alianza empezaron a ser olvidadas desde el día que empezamos a controlar el clima de nuestra vivienda con solo pulsar el botón del mando del aire acondicionado. Algunos han quedado para recordarlo y hoy tienen mucho que decir (Entrevista con un “cuidador de patios”).

Y esta capacidad que tienen las plantas para refrescar el ambiente no es ningún misterio, se trata de física elemental. En concreto son 585 Kcal (a 20ºC) [1] de calor las que un vegetal retira de la atmosfera por cada litro de agua que evapora a través de sus hojas, bajando la temperatura del ambiente [2]. En un recinto parcialmente cerrado y controlado como un patio, este sencillo proceso físico crea una bolsa de frescor durante las calurosas tardes del verano cordobés, que aísla la vivienda y que se rompe al final de la tarde en cuanto abrimos las ventanas interiores. Entonces el aire fresco cargado de esencias fluye hacia las habitaciones para refrescarlas, continuando toda la noche una brisa interior que se mantiene incluso en los días de más calma (Sistemas Pasivos de Enfriamiento. Asistente Técnico para la Construcción Sostenible, ATECOS [i]).

Figura 2. Patio Calle Tafures, 2.

El agua en cualquiera de sus estados, es un elemento muy singular y la vida le ha sabido sacar multitud de provecho. Algunas de sus propiedades nos pasan desapercibidas. Una de ellas es el denominado “calor latente de vaporización”, un concepto que nos hicieron memorizar cuando éramos pequeños, y que hoy vamos a recordar. Ya hemos visto que para evaporar un litro de agua a 20ºC son necesarias 585 Kcal. Es la energía que gastaríamos en una sesión intensa de una hora de “spinning”, o el calor que deberíamos aportar a cerca de 6 litros de agua a 0ºC, para llevarla a 100ºC (sin cambio del estado liquido). Para evaporar agua no es necesario llevarla a ebullición, es un proceso que se desencadena con solo poner en contacto la superficie del agua, con una atmósfera seca. Las moléculas de agua atrapan el calor del entorno y se transforma en vapor, enfriando todo lo que está a su alrededor. Así es como funcionan un botijo o la “destiladera canaria” [3]. En termodinámica, este fenómeno se llama “enfriamiento adiabático”, y sólo el amoniaco supera en capacidad refrigerante al agua. Es un proceso que depende de muchos factores, los más importantes son la temperatura ambiente, velocidad del viento y humedad relativa. Por ejemplo, un ambiente controlado y aislado a 35ºC de temperatura y 18% de humedad relativa, es posible enfriarlo a 19.2ºC, evaporando agua hasta alcanzar un 90% de humedad relativa.

Figura 3. El efecto de enfriamiento adiabático usado por las plantas, permite crear microclimas exteriores en lugares como la ciudad de Córdoba, a pesar de sus tórridos veranos donde los termómetros superan con frecuencia los 45ºC. La disminución de temperatura de más de 10ºC acompañada de un aislamiento correcto de la vivienda permite minimizar el uso del aire acondicionado.

De esta propiedad del agua se han aprovechado muchos seres vivos. Las plantas consiguen refrigerarse y mantenerse en el rango de temperatura donde es posible realizar la fotosíntesis y para ello usan ni más ni menos que el 99% del agua que consumen. La fisiología del hombre también usa este mecanismo, y de hecho es un distintivo, ya que la transpiración se realiza en la propia piel, algo poco habitual entre mamíferos. Así, en una sesión de una hora de “spinning”, una persona necesitaría beber un litro de agua para poder evacuar de su cuerpo las cerca de 600 Kcal que ha necesitado quemar para realizar dicho trabajo. Todo encaja, y el agua es el elemento que lo hace posible.

Y no sólo los seres vivos individualmente usan esta propiedad, también lo hacen los ecosistemas, los cultivos, los jardines. Un fresno adulto y sano, es capaz de transpirar 300 litros de agua al día (Jan Pokorný et al., 2010 [ii]). Cien hectáreas de bosque sano y maduro de fresno tienen el poder de refrigeración equivalente a la potencia de una central térmica como la de Puente Nuevo de Córdoba. ¿Un derroche o una bendición? A nivel global la evapotranspiración es uno de los procesos de intercambio de energía más importante del Planeta Tierra.

Por su puesto, esta capacidad está sujeta a un rango amplio de variación y es dependiente de multitud de factores, alcanzando máximos en zonas de climas secos y cálidos como la región subcontinental de Andalucía. Uno de los factores de variación es el tipo de planta. Los árboles suelen ser los vegetales que logran mayores índices de transpiración, ya que exploran mayor espacio, tanto de atmósfera como de suelo. La elección de especie es muy importante, y aunque las condiciones del lugar le sean apropiadas no todos causan el efecto deseado sobre el microclima. En el caso de ser la especie apropiada para el lugar y objetivo que perseguimos, refrescar, la capacidad de refrigeración de un árbol es óptima, ya que la atmósfera se enfría a varios metros sobre el nivel del suelo y se desploma fría a sus pies. Este efecto convierte a los bosques de ribera y jardines arbolados, correctamente regados, no en el pulmón de una ciudad como se suele decir, sino en su piel (Adaptation au changement climatique et optimisation du confort thermique par l’utilisation de recours renouvelables. Association Climatologique de la Moyenne-Garonne et du Sud-Ouest, ACMG [iii]).

Figura 4. En la imagen, dos tipos de caminos que se cruzan. En la huella de la izquierda, la comodidad del aire acondicionado ha banalizado la importancia de la vegetación sobre el confort climático. Autor de la foto: Javier Hernandez Gallardo.

No obstante, a estas alturas del texto el lector ya se habrá percatado que este efecto sólo empieza a ser apreciado cuando disponemos de un volumen apropiado de plantas y agua suficiente. De esta forma, el poder refrigerante de un árbol solitario en la calle de una ciudad sería como “lágrimas en la lluvia” (Roy Batty en la película Blade Runner). Es necesaria una masa crítica de vegetación correctamente regada para transformar el microclima de un lugar, y para ello son muchos los elementos que contribuyen a potenciarlo: firmes que infiltran el agua de la lluvia, árboles de buen porte en las calles y podas no agresivas, alcorques amplios y no asfixiantes, riego controlado, pequeños jardines intercalados, cinturones verdes en los alrededores de la ciudad, cultivos regados, huertos urbanos, huertos en rodeos, tejados verdes, fachadas verdes, grandes jardines, avenidas arboladas, etc. El control del riego no sólo tiene importancia por la cantidad, sino también por la frecuencia y hora del día. Así un riego en el crepúsculo del atardecer, es menos eficiente desde el punto de vista del ahorro del agua, pero hace descender rápidamente la temperatura, consiguiendo mayores tasas de enfriamiento en los alrededores. El efecto refrescante de las riberas de los ríos se multiplica cuando el régimen del agua en verano se distribuye en pequeños cauces de poco calado, ya que de esta forma los árboles y arbustos pueden ocupar casi todo el espacio del lecho del río, y el agua moja mayor superficie de terreno. En el caso de los patios de Córdoba esta masa crítica es relativamente pequeña, ya que la confinación entre paredes permite que el efecto refrescante no se diluya. Esto les otorga un funcionamiento autónomo y menos dependiente del clima general de la ciudad.

Sin embargo, a pesar de la importancia que los elementos vegetales y zonas verdes tienen en el clima urbano, este instrumento no es considerado en el ordenamiento de la ciudad y apenas estudiado de forma seria, mientras que muchas viviendas incluyen patios en su arquitectura, pero desprovisto de plantas y puntos de agua, precisamente el motor bioclimático que hacer funcionar este sistema. Como en el “Molino del Olvido” de Gilbert Garcin, el progreso en esta ocasión ha actuado como el alzhéimer de la sociedad.

 Figura 5. “El Molino del Olvido” de Gilbert Garcin.

Y aún no hemos hablado de Cambio Climático. Según las prospectivas realizadas para Andalucía (Clima de Andalucía del siglo XXI) [iv], los escenarios de cambio climático estiman que la temperatura media aumentará entre 2 y 4ºC, y que la mayor parte de este incremento recaerá sobre las estaciones de primavera y verano. Estudios como “Estimación de las necesidades de climatización en Andalucía en el contexto del cambio climático a escala de detalle” [v], vaticinan que la tasa de refrigeración en regiones como la capital de Córdoba aumentará a finales del presente siglo del 85.8% en el peor de los escenarios (A2 y CNCM3) al 39.7% en el mejor (B1 y CNCM3). La disminución de la precipitación también será la tónica generalizada para buena parte de Andalucía, todo un dilema añadido al discurso aquí presentado.

Figura 6. “Estimación de las necesidades de climatización en Andalucía en el contexto del cambio climático a escala de detalle”. Mapa del incremento de la tasa de demanda potencial de climatización, donde es considerado de manera conjunta, tanto el aumento del gasto energético en refrigeración, como la disminución en calefacción.

Puede causar sorpresa esta lectura, ya que va en contra de muchas posiciones afianzadas sobre los principios en el ahorro del agua y la sostenibilidad. Sin embargo, la reflexión está servida, hacemos ciudades con “jardines sostenibles”, entendiendo estos como zonas con bajo consumo de agua, un recurso local, renovable y no contaminante, mientras que nos encerramos en nuestras viviendas y conectamos el aire acondicionado que funciona con electricidad, energía basada hasta el momento en un alto porcentaje de recursos no renovables, contaminantes, y que debemos importar. Este es un camino que revierte de manera perversa sobre la propia ciudad acentuando el “efecto isla de calor” [vi]. Las implicaciones sobre otros factores y sectores como movilidad, calidad de vida o turismo, son directas, y el incremento de la tasa de horas de refrigeración por el cambio climático un sobrecoste insoportable para muchos hogares. Y es que el concepto de sostenibilidad debe tratarse en el conjunto de una sociedad y no por partes.

Figura 7. Un jardín xerofito de plantas con muy bajas exigencias de agua es para el microclima mejor que un espacio sin vegetación. Sin embargo, si realmente quieres transformar el microclima de tu entorno, diseña jardines con mayores exigencias en consumo de agua.

Afortunadamente los hechos van por delante de este discurso, y los sistemas pasivos y naturales de enfriamiento, entre ellos los basados en las plantas y el riego, son una realidad del pasado, que empiezan a abrirse camino en nuestra sociedad como un instrumento con amplio recorrido para la investigación tecnológica. Más que una opción retrógrada, se trata de una herramienta que en algún momento quedó olvidada y que ahora nace con fuerza. Jardines verticales, cubiertas y estructuras verdes, jardines microclimáticos, aire acondicionado vegetal y jardines interiores, etc., son diferentes opciones que vienen de la mano de la jardinería y paisajismo, y que como la calaminta, han llegado para quedarse.

Figura 8. El rio Guadalquivir a su paso por Córdoba y el cinturón verde de Sierra Morena, son dos elementos geográficos de gran valor e importancia a la hora de suavizar las temperaturas estivales de la ciudad.

Agradecimientos a:

  • Diego Peinazo Amo. Vecino del Patio de la Calle Marroquíes, 6
  • Francis y Rafael del Patio Tafures, 2
  • Javier Marzo Artigas. Universidad de Sevilla
  • Jean François Berthoumieu. Association Climatologique de la Moyenne-Garonne et du Sud-Ouest (ACMG)
  • Manolo Hernandez Martinez. Red de Información Ambiental de Andalucía (REDIAM).
  • María Fernanda Pita López. Universidad de Sevilla
  • Maria Luisa Sillero Almazán. Agencia de Medio Ambiente y Agua (AMAyA).
  • Rafael Barón Jiménez. Secretario de la asociación de propietarios de patios de Córdoba “Claveles y Gitanillas”
  • Rafael Pinilla Muñoz. Consejería de Turismo y Comercio. Delegación Territorial de Córdoba. Junta de Andalucía.
  • Vecinos de la Comunidad de la Calle Tafures, 7

Figura 8. De la insalubridad higiénica en el espacio público característica de edades antiguas (imagen de la izquierda) pasamos a la insalubridad climática de la edad contemporánea (imagen de la derecha). Manuel Hernandez Martinez.

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[1]  A 100ºC de temperatura, es decir, llevando el agua a estado de ebullición, son necesarias 539 Kcal por cada litro de agua que evaporamos.

[2]  Es habitual confundir este efecto con el proporcionado por la propia planta al protegernos de la radiación directa del sol. Sin embargo, son dos capacidades independientes que se suman a la hora de mejorar el confort climático. Esto las diferencia de un sencillo toldo.

[3] La Destiladera es un mueble tradicional en las Islas Canarias. Consiste en un mueble de forma cuadrangular. En la parte superior lleva la piedra volcánica rosa que sirve para destilar el agua. La piedra o pila es muy porosa y deja pasar el agua reteniendo las impurezas. Sobre ella se hace crecer una planta llamada culantrillo. Debajo se encuentra la vasija de barro panzuda llamada bernegal, que recoge el agua y la conserva fresca. La vasija suele taparse con un platillo con pequeños agujeros. Los canarios, en sus tradicionales y forzadas migraciones a América, trasladaron a este continente la destiladera como parte integrante de su bagaje cultural. En Cuba y Venezuela, sobre todo, se encuentra la destiladera formando parte del mobiliario en los hogares. Encontrado en http://destiladera.blogspot.com.es/

 


Bibliografía

[i] El proyecto ATECOS, Asistente Técnico para la Construcción Sostenible, ha sido desarrollado durante los años 2010, 2011 y 2012 por Miliarium.com, la Fundación de la Universidad Autónoma de Madrid y la Fundación Entorno, que actuaron como entidades promotoras. En la página Soluciones en ATECOS dispone del listado de todas las Soluciones incorporadas en este portal para contribuir al desarrollo de la Edificación Sostenible y a la Eficiencia Energética.

[ii] Jan Pokorný, Jakub Brom, Jan Cermák et al., 2010. Solar energy dissipation and temperature control  by water and plants.

[iii] La Association Climatologique de la Moyenne-Garonne et du Sud-Ouest (ACMG) trabaja en el conocimiento de las condiciones climáticas y adaptación al cambio climático, para ello cuenta con una red agroclimatológica en Media-Garonne con 92 puestos, que proveen de información sobre previsiones meteorológicas, asistencia ante las heladas, gestión del agua y apoyo técnico a la comunidad de regantes. En el proyecto ADAPTACLIMA II, la ACMG a coordina el proyecto piloto denominado Optimización del confort término mediante la utilización de recursos renovables.

[iv] Escenarios Locales de Cambio Climático de Andalucía. Red de Información Ambiental (REDIAM). Consejería de  Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Junta de Andalucía.

[v] Estimación de las necesidades de climatización en Andalucía en el contexto del cambio climático a escala de detalle. Tesis doctoral de Javier Marzo Artigas, dirigida por la Dra. María Fernanda Pita López, cuyo objetivo es la estimación de las variaciones espacio-temporales sufridas por las necesidades de climatización (calefacción y refrigeración) en Andalucía en el contexto del cambio climático.