Servicios aportados por elementos vegetales y zonas verdes en el ecosistema urbano

El agua en cualquiera de sus estados, es un elemento muy singular y la vida le ha sabido sacar multitud de provecho. Algunas de sus propiedades nos pasan desapercibidas, como es caso del denominado “calor latente de vaporización”. Esta propiedad del agua es responsable del denominado “enfriamiento adiabático” que sucede durante la evapotranspiración, y permite tanto a especies como ecosistemas, regular la temperatura. A nivel global del planeta, la evapotranspiración es uno de los procesos de intercambio de energía más importantes.

Para entender cualitativamente la magnitud de este fenómeno se puede realizar la siguiente comparación: “la superficie de 50 campos de fútbol de maizal en plena producción tienen el poder de refrigeración equivalente a la potencia de una central termoeléctrica de tamaño medio”. Por supuesto, esta capacidad está sujeta a un rango amplio de variación y es dependiente de multitud de factores, alcanzando máximos en zonas de climas secos y cálidos como la región subcontinental de Andalucía.

Este efecto convierte a jardines arbolados correctamente regados, bosques de ribera y cinturones verdes, no en el pulmón de una ciudad como se suele decir, sino en su piel (Adaptation au changement climatique et optimisation du confort thermique par l’utilisation de recours renouvelables. Association Climatologique de la Moyenne-Garonne et du Sud-Ouest, ACMG). Sin embargo, a pesar de la importancia que los elementos vegetales y zonas verdes tienen en el clima urbano, este instrumento no es considerado en el ordenamiento de la ciudad y apenas estudiado de forma seria, mientras que muchas viviendas incluyen patios en su arquitectura, pero desprovisto de plantas y puntos de agua, precisamente el motor bioclimático que hacer funcionar este sistema.

Según las prospectivas realizadas para Andalucía (Clima de Andalucía del siglo XXI), los escenarios de cambio climático estiman que la temperatura media aumentará entre 2 y 4ºC, y que la mayor parte de este incremento recaerá sobre las estaciones de primavera y verano. Estudios como “Estimación de las necesidades de climatización en Andalucía en el contexto del cambio climático a escala de detalle”[1], vaticinan que la tasa de refrigeración en regiones como la capital de Córdoba aumentará a finales del presente siglo del 85.8% en el peor de los escenarios (A2 y CNCM3) al 39.7% en el mejor (B1 y CNCM3). La disminución de la precipitación también será la tónica generalizada para buena parte de Andalucía, todo un dilema añadido a este discurso.

Figura 1. “Estimación de las necesidades de climatización en Andalucía en el contexto del cambio climático a escala de detalle”. Mapa del incremento de la tasa de demanda potencial de climatización, donde es considerado de manera conjunta, tanto el aumento del gasto energético en refrigeración, como la disminución en calefacción.

Puede causar sorpresa esta lectura, ya que va en contra de muchas posiciones afianzadas sobre los principios en el ahorro del agua y la sostenibilidad. Sin embargo, la reflexión está servida, hacemos ciudades con “jardines sostenibles”, entendiendo éstos como zonas con bajo consumo de agua, un recurso local, renovable y no contaminante, mientras que nos encerramos en nuestras viviendas y conectamos el aire acondicionado que funciona con electricidad, energía basada hasta el momento en un alto porcentaje de recursos no renovables, contaminantes, y que debemos importar. Este es un camino que revierte de manera perversa sobre la propia ciudad acentuando el “efecto isla de calor”. Las implicaciones sobre otros factores y sectores como movilidad, calidad de vida o turismo, son directas, y el incremento de la tasa de horas de refrigeración por el cambio climático un sobrecoste insoportable para muchos hogares. Y es que el concepto de sostenibilidad debe tratarse en el conjunto de una sociedad y no por partes. Adaptaclima II pretende poner en valor la importancia de los jardines en las ciudades y el uso racional del agua (ver artículo completo).

Figura 2. Un jardín xerofito de plantas con muy bajas exigencias de agua es para el microclima mejor que un espacio sin vegetación. Sin embargo, si realmente quieres transformar el microclima de tu entorno, diseña jardines con mayores exigencias en consumo de agua.

[1] “Estimación de las necesidades de climatización en Andalucía en el contexto del cambio climático a escala de detalle”. Tesis doctoral de Javier Marzo Artigas, dirigida por la Dra. María Fernanda Pita López, cuyo objetivo es la estimación de las variaciones espacio-temporales sufridas por las necesidades de climatización (calefacción y refrigeración) en Andalucía en el contexto del cambio climático.

Figura 3. De la insalubridad higiénica en el espacio público característica de edades antiguas (imagen de la izquierda) pasamos a la insalubridad climática de la edad contemporánea (imagen de la derecha). Manuel Hernandez Martinez.